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sábado, 21 de octubre de 2017

El Moncayo aragonés en otoño

Este año, como en los dos anteriores, la sequía está impidiendo que los bosques adquieran esa variedad cromática propia del otoño. Las hojas de los árboles se secan y caen sin pasar por esa diversidad de colores (verdes, ocres, amarillos) tan característica de ésta época del año.
Aún así, nos decidimos por visitar los hayedos del Moncayo en su parte aragonesa para intentar captar la esencia del otoño.
Comenzamos nuestro recorrido haciendo una parada en el embalse de Litúenigo, desde el que hemos captado ésta panorámica:


Continuamos ascendiendo hasta la Fuente del Fraile, en la que dejamos el coche y nos adentramos en el hayedo de Peñarroya.



En la segunda mitad del recorrido nos ha sorprendido gratamente la niebla que nos ha permitido obtener algunas fotos interesantes jugando con el misterioso ambiente que proporciona:





Al final del recorrido se ha presentado la lluvia, que nos ha obligado a guarecernos en el refugio mientras dábamos buena cuenta del bocata. Al salir, la niebla había desaparecido y la luz comenzaba a resultar escasa, así que recogemos los aparejos y volvemos a casa. Un día bien aprovechado.

domingo, 18 de octubre de 2015

Luces de Otoño

Me fascinan los bosques, en particular los hayedos. Me permiten disfrutar a la vez de dos de mis pasiones en cualquier época del año: el senderismo (más bien el paseo) y la fotografía. Y es que me entretengo tanto en el entorno que me rodea que tardo en realizar cualquier ruta el triple del tiempo señalizado para la misma.
El otoño es sin duda uno de los mejores momentos para disfrutar del bosque. La temperatura, la luz, y sobre todo los colores. En ocasiones es como una borrachera para la vista percibir tal variedad de tonalidades en un mismo lugar. 







Por otro lado, la variedad de plantas y seres vivos que nos rodean en todo momento me empequeñece y hace pensar en lo grandioso de la Naturaleza: hayas, pinos, enebros, sabinas, acebos, musgo, setas, líquenes, brezo y multitud de arbustos.
Y el agua. Cualquier riachuelo, con sus pequeñas cascadas y su continuo murmullo que acompañan en el recorrido produce un permanente estado de relax y frescor que hacen disfrutar del paseo de forma inigualable.

Un tronco, una seta, un salto de agua, unas hojas, ... cualquier detalle es un deleite para un fotógrafo con el ojo mínimamente entrenado. En unos casos la instantánea está clara: encuadrar, enfocar y disparar. En otros, conseguir el objetivo buscado es algo más laborioso: tirarse al suelo, cambiar de ángulo, cambiar de objetivo, ... Ya está. El resultado ha merecido la pena (o no).



Un momento de relax, un tentempié y la jornada ha finalizado. Ahora toca seleccionar y editar las mejores imágenes en casa recordando los momentos y lugares visitados. Seguramente volveremos.



Las fotos corresponden al Moncayo aragonés, concretamente al recorrido circular que transcurre desde la Fuente la Teja hasta la Fuente del Sacristán, pasando por el barranco de Castilla y el prado de Santa Lucía (unos 10 Km).
Esta es la ruta en google maps

sábado, 7 de marzo de 2015

Cascada del Pozo de las Truchas

Hoy me he decidido por una excursión corta y me desplazo a las cercanías de Ágreda para pasear por el cañón del río Val hasta el conocido como Pozo de las Truchas, en el que puede admirarse un bonito salto de agua entre rocas travertinas.
Una vez llegado a la rotonda que distribuye el tráfico hacia Soria, Ágreda y Tarazona, tomo la salida en dirección a ésta última por la N-122, y a unos cuantos cientos de metros a la derecha tomo una salida por el camino en dirección sur hacia el río Val.
Desde aquí ya puede admirarse un bonito paisaje de sembrados con el Moncayo nevado al fondo.

El camino comienza a coger pendiente y en algunos tramos su mal estado hace replantearse seguir adelante en coche o aparcar y seguir andando. Me decido a seguir conduciendo y más adelante llego al final del trayecto frente a unas pequeñas huertas junto al cauce del río. A partir de aquí seguiré andando.
Hace un día soleado y espléndido, sin viento y con una buena temperatura, así que el paseo se hace muy agradable.
Por el sendero que bordea el río en dirección oeste hacia Ágreda pueden verse algunas buitreras sobre las partes altas del cañón, con enormes ejemplares apostados o sobrevolando el cauce.
He dejado atrás las huertas y ahora aparecen salpicados algunos panales de abejas construidos al más puro estilo rústico.



A partir de aquí el camino se adentra entre los chopos desnudos que bordean el río, el cual habrá que atravesar en repetidas ocasiones por pasarelas construidas al efecto.



A poco más de dos kilómetros desde el punto en que he dejado el coche he llegado al destino. Un primer salto de agua es el punto indicado pasa montar el trípode y tirar las primeras fotografías, aunque la cascada que he venido a buscar se encuentra unos metros más adelante subiendo por entre unas rocas en el mismo sendero.


Una pequeña área de descanso con paneles que informan sobre el origen del agua que discurre por el río y sobre las rocas entre las que discurre es el lugar adecuado para disfrutar del entorno y disparar la cámara desde todo tipo de posiciones.




Una vez cumplido el objetivo comienzo el camino de regreso por el mismo sendero, disfrutando del paseo y del suave murmullo del río. Hoy como en casa.