Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta ruinas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ruinas. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de agosto de 2017

Telégrafo de Beratxa

El telégrafo de Beratxa es un torreón que en la actualidad se encuentra en situación de total abandono (aunque su estructura está bien conservada) y que se sitúa en la carretera NA-132 a mitad de camino entre Berbinzana y Tafalla (NA).
El acceso resulta algo complicado, ya que no hay ningún camino ni sendero que llegue hasta él, por lo que hay que dejar el coche en algún descanso de la carretera y ascender campo a través entre los sembrados, barbechos y el propio monte (unos 300 metros en línea recta).
Una vez en la cima, y aunque el espacio es reducido, admite tomas desde todos los ángulos, ya que es una construcción totalmente cuadrada enclavada en un montículo relativamente despejado.
Aunque en mi caso no era la hora más adecuada, estoy seguro de que es ideal para captar la vía láctea, circumpolares y fotografías que incluyan la luna.



Ya de regreso, descendiendo por el barbecho me sorprende un bonito anochecer, y aprovechando que todavía no he recogido la cámara, tiro algunas fotos intentando captar el momento:


Coordenadas: 42°31'44.9"N 1°44'49.1"W

Vergalijo (NA)

Vergalijo es un despoblado compuesto de varias casas situadas a ambos lados de la carretera NA-6100 en las proximidades de Miranda de Arga y de Tafalla. Actualmente solo se mantienen vivas unas explotaciones ganaderas. El resto de las casas se encuentran abandonadas.
Me llamaron la atención algunas fotografías de un par de construcciones singulares.

La primera es una especie de chozo circular con una singular techumbre de zinc. Su interior, aunque en buen estado, está lleno de paléts de madera, cuerdas, sacos y otros deshechos diversos, y permite ver el artesonado del techo.
Desde el exterior, la construcción resulta interesante precisamente por la techumbre: una extraña cúpula que se eleva sobre el arranque de un tejado tradicional.



La segunda construcción, y más interesante, es la iglesia que se alza en una colina que domina el pueblo. Actualmente está en ruina total, con casi la mitad de su tejado totalmente hundido. Se puede acceder al interior de la nave rectangular y totalmente diáfana.
En su interior y a su alrededor, los restos de las singulares tejas que se van cayendo: grandes piezas de un color verde esmaltado que en su día seguramente daban un notable esplendor a la construcción.




Coordenadas de la iglesia: 42°28'12.5"N 1°48'13.4"W

sábado, 11 de abril de 2015

San Vicente de Munilla

Comienzo la excursión de hoy en la localidad de Munilla visitando los lugares más conocidos:
Su nevera, cubierta y recientemente restaurada en las afueras y que pese a su buen estado de conservación no es posible apreciar en detalle al estar cerradas y protegidas por sendas verjas las ventanas al exterior.


Como compensación, las vistas de Munilla que pueden verse desde aquí son las de un pueblo abigarrado en la ladera de la montaña.



Ya en el casco urbano puede visitarse su lavadero, también perfectamente restaurado, lugar que antaño cumplía una importante labor social como punto de reunión de las mujeres, que acudían a lavar la ropa y charlar de sus cosas.


Merece la pena visitar también su plaza, que en gran parte conserva el empedrado original tan propio de los pueblos antaño, y en cuyo centro se alza una bonita fuente de cuatro caños construida en 1.894 a expensas de uno de sus generosos vecinos.


Aprovechando que todavía es muy pronto, me decido a visitar el despoblado de San Vicente de Munilla.
Algo tienen los pueblos abandonados que nos seducen a casi todos. Será la nostalgia que nos produce pensar en la época en que se encontraban habitados, será el encanto de sus construcciones en ruinas, el trazado de sus calles cubiertas de maleza, o simplemente la sensación de paz que transmiten.
Sea lo que sea el hecho es que la dureza del medio y las escasas posibilidades de desarrollo hacen que las personas se trasladen a poblaciones más desarrolladas y poco a poco vayan quedando en el olvido.
En la zona de la riojana Munilla existen multitud de estos pueblos cada uno con su propio encanto: Las Ruedas de Enciso, La Escurquilla, San Vicente de Munilla, Antoñanzas, Garranzo, Valtrujal, y algunos más.
San Vicente de Munilla tiene además la peculiaridad de que no se encuentra totalmente deshabitado. En él ha habido siempre un más o menos numeroso grupo de "okupas", Se accede por una pista forestal en buen estado desde la propia Munilla tomando un desvío perfectamente señalizado a un par de kilómetros, y ya antes de llegar podemos ver una estela en el camino bastante significativa:


También podemos ver el sistema de cultivo de terrazas hoy ya abandonadas, que nos hace pensar en el ingente trabajo de aquellas gentes, y el skyline del propio pueblo:



Ya dentro del pueblo podemos ver las numerosas casas en ruina y sus detalles constructivos, a base de piedra y vigas de madera con sus calles cubiertas de hierba, aunque perfectamente transitables en su mayoría.



Llama la atención la plaza del pueblo, un amplio espacio rodeado de edificios hoy en ruina con una fuente de la que no deja de caer agua y que en el año 1.900 fue construida por voluntad del vecino D. Blas Pérez y su esposa según reza en la placa conmemorativa.


En uno de los lados de la plaza, los actuales habitantes (okupas, como ya he dicho) han elaborado un vistoso mural a base de mosaicos de loza y cristales, que dan algo de colorido al lugar.


Y cómo no, la iglesia que no falta en ninguno de nuestros pueblos por pequeño que éste sea, y que de forma irremediable se encuentra también totalmente en ruinas y de la que solamente queda en pie la torre del campanario, dando idea de lo que un día fue.
No ocurre lo mismo con la ermita que se encuentra a su sombra, que aunque cerrada, da la sensación de estar en buen estado.



Cuando ya abandono el pueblo para dirigirme al coche me aborda uno de los "vecinos"; un chico joven (de 26 años me dirá más adelante) que me pide ayuda para poner en marcha su coche averiado utilizando la batería del mío.
Una vez conseguidas las pinzas de rigor, y tras varios intentos conseguimos que el vehículo del muchacho arranque, sin que pueda disimular su satisfacción y siendo motivo para comenzar a entablar una interesante conversación.
Me cuenta que es de Madrid y que lleva dos años en el pueblo, donde ha arreglado la casa en la que vive y un cubierto en lo alto del pueblo en el que cría unas gallinas. El agua la traen con mangueras desde la fuente, y la luz la obtienen con placas solares. El chaval es un manitas y me cuenta las reparaciones que hace y lo mucho que está aprendiendo en el lugar ¿?. La verdad es que es muy educado y da gusto conversar con él de forma tan abierta. Hace un tiempo éramos 20, me dice; ahora solo quedamos siete, pero ha llegado a haber una numerosa colonia de hippies en el pueblo, que mantenemos libre de maleza. Hablamos de mis hijos, del trabajo, y de la libertad de su estilo de vida.
En fin, Noé (que así se llama), tengo que marcharme ya; si algún día vuelvo por aquí te haré una visita, me despido. Pues si vuelve, me dice, recuérdeme que le debo una docena de huevos de mis gallinas. Adiós. Adiós.


domingo, 29 de marzo de 2015

La Escurquilla

Para éste domingo, los compañeros de Foto Arnedo han organizado una salida fotográfica a la localidad soriana de Yanguas, pero dado que la carretera se encuentra cortada por los desprendimientos de rocas a consecuencia de las últimas lluvias, la excursión se ha reprogramado al pueblo abandonado de La Escurquilla, cerca de Enciso.
El acceso se realiza desde ésta última localidad, tomando el desvío a su entrada que utilizan los camiones que construyen la presa sobre el río Cidacos. A unos cientos de metros se toma un desvío a la derecha sobre una pista forestal que conduce directamente hasta las proximidades del pueblo.
Aquí se deja el coche y puede verse ya el pueblo desde cierta altura, con su iglesia y demás casas en total ruina y abandono.




Se continúa andando por un sendero y cruzando un pequeño arroyo llegamos a las primeras construcciones, paseando por lo que en su día fueron sus empinadas calles.
Impresiona ver el detalle constructivo de las casas de piedra, que dan idea del enorme esfuerzo que en su día supuso el levantarlas en un entorno tan duro.




De entre todas las construcciones destaca, como suele ser habitual su iglesia, con su espadaña de dos campanas hoy inexistentes. Parte de la techumbre se ha derrumbado, aunque ésto no impide apreciar parte de lo que fue la nave interior policromada tanto en paredes como en la bóveda.





Y en la parte trasera de la Iglesia se encuentra el Cementerio, en el que actualmente se pueden apreciar dos lápidas correspondientes a otras tantas tumbas, tan dispares como distantes en el tiempo. Una se encuentra en la pared del propio recinto y es de los años 30, mientras que la otra es un enterramiento reciente en el suelo cubierto de piedras.




En una de las fachadas laterales de la Iglesia puede apreciarse una curiosa inscripción con el año 1752 realizada con ladrillo macizo.


Finalizada la visita a La Escurquilla echamos una última mirada al pueblo desde una de sus laderas, en las que pastan apaciblemente las vacas de algún ganadero cercano y aprovechamos para hacer la tradicional foto de grupo.



Ya de regreso en Enciso paramos a visitar alguna de las construcciones que antaño eran símbolo de la prosperidad de la comarca, así como su imponente iglesia.